Cómo mejorar tu comunicación como futbolista (dentro y fuera de la cancha)
Comunicar bien no es hablar mucho: es dar información clara, oportuna, relevante y respetuosa, saber escuchar y preguntar, corregir sin atacar y ordenar tus ideas con la estructura REC (Responde, Explica y Comparte).
Hay una habilidad que utilizamos prácticamente todos los días como futbolistas, pero a la que pocas veces le dedicamos tiempo de entrenamiento: la comunicación.
Normalmente, cuando pensamos en mejorar nuestro rendimiento, pensamos en trabajar nuestra técnica, condición física, inteligencia táctica o mentalidad. Y aunque todas esas áreas son fundamentales, muchas veces olvidamos que nuestra capacidad para comunicarnos también influye en cómo jugamos y nos relacionamos con los demás.
Piénsalo por un momento.
Durante un partido necesitas pedir el balón, escuchar instrucciones, advertir a un compañero que tiene un rival detrás, organizarte con tu equipo y tomar decisiones utilizando información que recibes de otras personas.
Fuera de la cancha también necesitas comunicarte. Cuando hablas con tu entrenador, cuando tienes alguna inquietud, cuando participas en una conversación importante o cuando alguien te hace una entrevista.
Sin embargo, ¿cuántas veces has dedicado un entrenamiento específicamente a mejorar esta habilidad?
En este artículo quiero compartir contigo algunos principios y herramientas prácticas que pueden ayudarte a comunicarte mejor, tanto dentro como fuera de la cancha.
1. Comunicar bien no significa hablar mucho
Hay jugadores que hablan constantemente durante los partidos. Gritan, dan instrucciones y tratan de organizar a sus compañeros. Pero hablar más no necesariamente significa comunicarse mejor.
Imagina que uno de tus compañeros está a punto de recibir un balón de espaldas y tú puedes ver que un rival se está acercando para presionarlo.
En ese momento podrías gritarle: "¡Vamos!", "¡Muévete!" o "¡Juega!".
Pero ¿qué información útil le estás transmitiendo?
Ahora imagina que le dices "¡Hombre!" para advertirle de la presión o "¡De cara!" para indicarle que tiene una opción de pase hacia atrás.
La diferencia está en que ahora le estás proporcionando información que puede ayudarlo a tomar una mejor decisión.
Y hay otro detalle importante: el momento en el que transmites esa información.
Si le avisas cuando ya perdió el balón, probablemente llegaste demasiado tarde.
Por eso, considero que una buena comunicación debe tener cuatro características:
- Clara: que la otra persona comprenda lo que quieres decir.
- Oportuna: que la información llegue en el momento adecuado.
- Relevante: que lo que dices realmente aporte algo.
- Respetuosa: que la manera en la que transmites el mensaje contribuya a una buena relación con los demás.
Estas cuatro características no solamente aplican durante un partido. También son importantes cuando hablamos con nuestros entrenadores, familiares, profesores o cualquier otra persona.
La próxima vez que estés jugando, intenta prestar atención a la información que compartes con tus compañeros. No te preocupes tanto por cuánto hablas, sino por qué tan útil es lo que dices.
2. Aprender a escuchar también es aprender a comunicarte
Cuando hablamos de comunicación, normalmente pensamos en nuestra capacidad para expresarnos. Sin embargo, una parte igual de importante es saber escuchar.
Te voy a poner un ejemplo.
Durante un entrenamiento, tu entrenador te explica cómo debes posicionarte cuando tu equipo pierde la posesión del balón.
Tú asientes con la cabeza, pero en realidad no comprendiste completamente la instrucción. Después, cuando comienza el ejercicio, vuelves a cometer exactamente el mismo error.
¿Qué podrías haber hecho diferente?
Preguntar.
Algo tan sencillo como: "Profe, cuando perdemos el balón, ¿quieres que presione inmediatamente o que primero cierre el espacio?".
Esa pregunta puede ayudarte a comprender mucho mejor lo que tu entrenador espera de ti.
Y quiero detenerme en algo que considero importante, especialmente para los jugadores jóvenes.
No tengas miedo de hacer preguntas cuando no comprendas algo.
A veces evitamos preguntar porque pensamos que vamos a parecer menos inteligentes, que el entrenador se va a molestar o que deberíamos saber la respuesta.
Pero preguntar también puede demostrar que estás prestando atención y que realmente quieres aprender.
Por supuesto, también es importante saber cuándo preguntar, escuchar las explicaciones completas y respetar los momentos del entrenamiento.
Mi recomendación es sencilla: la próxima vez que recibas una instrucción que no entiendas, intenta formular una pregunta concreta en lugar de limitarte a decir que sí.
3. La manera en la que corriges a tus compañeros importa
Hay algo que siempre me ha parecido interesante observar en el fútbol: cómo reaccionan los jugadores cuando uno de sus compañeros comete un error.
Imagina que un defensa pierde el balón y esa jugada termina en gol.
El equipo está frustrado y uno de los jugadores comienza a gritarle: "¡Siempre haces lo mismo!".
Ahora pregúntate: ¿ese comentario realmente ayuda al compañero a mejorar en la siguiente jugada?
Probablemente no.
No estoy diciendo que nunca debamos corregir a nuestros compañeros. De hecho, creo que parte de pertenecer a un equipo es tener la capacidad de decirnos las cosas que podemos mejorar.
Pero existe una diferencia entre corregir una acción y atacar a una persona.
En lugar de decirle que siempre se equivoca, podrías comentarle: "La próxima intenta jugar conmigo antes de girar. Yo te voy a ofrecer una opción de pase".
En este segundo ejemplo no solamente estás señalando algo que podría mejorar, sino que también estás proponiendo una solución y asumiendo parte de la responsabilidad.
Para mí, esta es una de las características más importantes del liderazgo.
Es relativamente fácil apoyar a tus compañeros cuando están ganando y todo está saliendo bien. Lo complicado es mantener una comunicación constructiva cuando estás perdiendo, frustrado o bajo presión.
Y no necesitas llevar la cinta de capitán para demostrar liderazgo.
Puedes hacerlo escuchando, ayudando a un compañero que acaba de equivocarse, transmitiendo tranquilidad o proponiendo soluciones en momentos difíciles.
El liderazgo también se demuestra en la forma en la que tratamos a los demás cuando las cosas no salen como queremos.
4. Cómo responder mejor durante una entrevista
Ahora quiero llevarte a una situación diferente.
Imagínate que terminas un partido y alguien se acerca con una cámara para hacerte una entrevista.
Te preguntan: "¿Qué fue lo más difícil del partido?".
Y tú respondes: "Defender".
Quizás esa respuesta sea completamente cierta, pero podrías aprovechar la oportunidad para desarrollar un poco más tu idea.
Una herramienta sencilla que puedes utilizar es una estructura de tres pasos que llamo REC: Responde, Explica y Comparte.
R — Responde
Lo primero es responder directamente la pregunta que te hicieron.
Por ejemplo:
"Lo más difícil del partido fue defender a los delanteros rápidos del otro equipo".
No necesitas comenzar con una explicación demasiado larga. Simplemente responde lo que te están preguntando.
E — Explica
Después de responder, desarrolla un poco más tu idea.
"Porque cada vez que recuperaban el balón, teníamos que correr rápidamente hacia atrás para evitar que nos ganaran la espalda".
Con esta explicación, la persona que te está escuchando puede comprender mejor por qué consideraste que esa fue la mayor dificultad del encuentro.
C — Comparte
Finalmente, puedes compartir un ejemplo, una experiencia o algún detalle que ayude a ilustrar lo que acabas de explicar.
"Por ejemplo, en el segundo tiempo hubo una jugada en la que uno de sus delanteros me ganó la espalda y tuve que correr para recuperar mi posición".
¿Notas la diferencia?
Pasamos de una respuesta de una sola palabra a una explicación mucho más completa, sin necesidad de utilizar palabras complicadas.
Lo importante de esta herramienta no es memorizar una respuesta. Es aprender a organizar tus ideas para poder expresarlas con mayor claridad.
Y lo mejor es que REC no solamente sirve para entrevistas deportivas. También puedes utilizarla en presentaciones escolares, conversaciones importantes o cuando alguien te pide explicar tu opinión sobre algún tema.
Hay algo más que quiero recomendarte: no tengas miedo de hacer una pausa antes de responder.
No necesitas contestar inmediatamente todas las preguntas. Puedes tomarte unos segundos para pensar, pedir que te repitan algo que no comprendiste o simplemente reconocer cuando no sabes una respuesta.
También tienes derecho a establecer límites si alguien te hace una pregunta personal que no quieres responder.
Comunicarnos mejor no significa tener una respuesta para absolutamente todo.
5. Cómo ganar confianza hablando frente a una cámara
Sé que para muchos futbolistas hablar frente a una cámara puede ser incómodo.
Una cosa es conversar con tus amigos o compañeros de equipo y otra muy diferente es tener a alguien grabándote mientras intentas organizar tus pensamientos.
De repente comienzas a prestar atención a cómo suena tu voz, cómo te ves, qué palabras utilizas o qué pensarán las personas que vean el video.
Pero hay algo que quiero que comprendas: hablar frente a una cámara también es una habilidad que puedes practicar.
No necesitas comenzar haciendo una entrevista de diez minutos.
Puedes empezar con algo mucho más sencillo.
Pídele a alguien de confianza que te haga una pregunta sobre tu último partido. Respóndela de manera natural, como si estuvieran conversando.
Después intenta hacerlo con una cámara cerca y, cuando te sientas preparado, graba una respuesta corta.
Cuando revises el video, en lugar de concentrarte únicamente en cómo te ves o si te gusta tu voz, hazte tres preguntas:
- ¿Se entendió lo que quería comunicar?
- ¿Respondí realmente la pregunta?
- ¿Podría haber explicado mejor mi idea utilizando algún ejemplo?
Si identificas algo que puedes mejorar, vuelve a intentarlo.
No se trata de juzgarte, sino de practicar.
Y algo que considero fundamental: no necesitas copiar la forma de hablar de un futbolista profesional, un periodista o algún creador de contenido.
Cada persona tiene su personalidad y su manera de expresarse. Lo importante es desarrollar la capacidad de comunicar tus ideas de forma auténtica y comprensible.
Con la práctica, es posible que comiences a sentirte más cómodo. Y aunque los nervios no desaparezcan completamente, puedes aprender a expresarte incluso cuando los sientes.
6. Lo que aprendes comunicándote en el fútbol también puede servirte en la vida
Una de las razones por las que me interesa tanto la formación de los jóvenes futbolistas es porque considero que el deporte puede enseñarnos muchísimo más que a jugar.
Pensemos en todo lo que acabamos de hablar.
Cuando aprendes a escuchar mejor a tu entrenador, estás practicando una habilidad que también puedes utilizar para escuchar a tus profesores.
Cuando aprendes a responder una entrevista, estás desarrollando herramientas que pueden ayudarte en una presentación escolar o, en el futuro, durante una entrevista de trabajo.
Cuando aprendes a corregir a un compañero sin atacarlo personalmente, también estás practicando una forma de resolver desacuerdos que puede servirte en tus amistades, relaciones y otros ambientes.
Sin embargo, hay algo importante: estas habilidades no se desarrollan automáticamente por el simple hecho de practicar un deporte.
Podemos jugar al fútbol durante muchos años y seguir teniendo dificultades para escuchar, expresar nuestras ideas o manejar conversaciones incómodas.
Por eso es importante ser conscientes de lo que estamos aprendiendo y buscar oportunidades para practicarlo.
El fútbol nos presenta situaciones constantemente. Depende de nosotros aprovecharlas para crecer.
Un ejercicio práctico para comenzar
Quiero terminar este artículo dejándote un ejercicio que puedes hacer hoy mismo.
Busca a un familiar, amigo o compañero de confianza y pídele que te haga estas tres preguntas:
- ¿Qué fue lo mejor de tu semana?
- ¿Qué fue lo más difícil?
- ¿Qué aprendiste?
Intenta responder cada una utilizando la estructura REC: Responde, Explica y Comparte.
No necesitas grabarte, compartirlo en redes sociales ni hacerlo frente a muchas personas.
Simplemente practica cómo organizar tus pensamientos y expresar tus experiencias.
Puedes repetir el ejercicio una vez por semana, cambiar las preguntas y, si te sientes cómodo, comenzar a practicar frente a una cámara.
Lo importante es que conviertas la comunicación en una habilidad que también decides entrenar.
Porque, al final, mi propósito con este tipo de contenido no es solamente ayudarte a convertirte en un mejor futbolista.
También quiero que descubras cómo puedes aprovechar tus experiencias dentro del fútbol para desarrollar habilidades que te acompañen durante toda tu vida.
El fútbol es la herramienta. La vida es la meta.
Gabrielle Privitera
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